Hagámonos responsables en educación

En la columna anterior, donde  conversamos respecto de “cómo construir un aula de aprendizaje empoderador” pudimos conocer los principios sobre los cuales se necesita diseñar este espacio de aprendizaje en el Siglo XXI. Junto con esto conocimos las razones por las que estos principios necesitan ser aplicados en el día a día de los directivos y docentes, para que esta cultura permee a los estudiantes y estos la hagan suya.

 

En este capítulo podremos ahondar en el primero de los principios, “ser responsables de lo que nos ocurre” y veremos cuáles son los beneficios y cómo se lleva este paradigma a la sala de clases. Asimismo, analizaremos cómo pueden aplicar esto los actores claves en toda institución formativa, ya sea un colegio, una institución de educación superior, una familia u otra organización que se propongan entregar una educación empoderadora.

 

Comencemos por el primero de los principios, ¿Qué significa ser responsables de lo que nos ocurre? Quiere decir que todo lo que nos sucede, ya sea que lo califiquemos como bueno o malo, vamos a considerarlo como nuestra responsabilidad, por lo que no daremos excusas ni culparemos a otros por algo que no funcionó como hubiésemos querido. El hacernos responsables implica que reconocemos que en algún momento podríamos haber hecho algo distinto y el resultado habría cambiado. La creencia fundamental es que nuestra respuesta frente a las situaciones y al entorno, pueden determinar y cambiar el resultado final. Este principio nos empoderará y nos permitirá alcanzar mejores resultados, en menos tiempo.

 

Recordemos que el primer desafío es que el director/a y el equipo directivo se hagan responsables de lo que les ocurre. Cómo aplicar esto dependerá de la realidad y etapa que vive cada institución, sin embargo algunos ejemplos nos pueden ayudar: si no se están teniendo los resultados que quisiéramos ya sea en matrícula, calificaciones, convivencia o pruebas estandarizadas, podemos culpar al sistema educativo, a los recursos faltantes, a los docentes o a los apoderados, ¿verdad? Bueno, y la otra alternativa es hacernos responsables y pensar algo del estilo de “aún no he hecho lo suficiente para dar vuelta estos números” y definir qué hará distinto de ahora en adelante para superar esta brecha.

 

Posteriormente, cuando los docentes observen este y otros comportamientos de parte de los directivos, aumentará la probabilidad de que ellos también se hagan responsables. A continuación un ejemplo de cómo esto podría ocurrir: supongamos un docente que dentro de un curso de 30, tiene 15 alumnos que no están aprendiendo en su asignatura y se están quedando muy retrasados respecto al resto del curso. Alguien podría decir “bueno ellos no ponen atención, venían con mala base, sus tiempos de aprendizaje son diferentes pero no puedo detenerme por unos pocos” o incluso llegar a decir“si los directivos ni los apoderados se hacen responsables, tampoco lo haré yo, ya tengo demasiada carga”.

 

Lo cierto es que algunas de estas ideas tienen algo de razón. Sin embargo, este principio se aplica actuando y creyendo que nosotros somos responsables, por esto es que la base de la respuesta del docente debiera ser algo como “estos alumnos no están avanzando como habría esperado, pediré apoyo a los directivos y apoderados; ajustaré mis clases e innovaré en la estrategias para que los compañeros avanzados apoyen a quienes tienen otro ritmo; aplicaré un sistema que acepta que cada quien tiene su ritmo de aprendizaje”. ¿Se va entendiendo la idea?

 

Lo importante es recordar que aplicar este primer principio de la responsabilidad no tiene que ver con culpar a uno u otro, sino con que la persona que se responsabiliza está más empoderada al tener la convicción de que el cambiar los resultados está en sus manos.

 

Finalmente, ¿cómo se hace responsable el estudiante? Recuerde que si usted aún no se hace responsable, difícilmente lo hará el estudiante. Dicho esto, el alumno se hará responsable cuando entienda la importancia y el impacto positivo de hacerse responsable, a la vez que tenga esperanza y expectativas en lograr un futuro próspero en lo que sea importante para él o ella. El estudiante tendrá que tomar la responsabilidad cuando no esté teniendo las calificaciones que quisiera o cuando considera que las clases no están siendo suficientemente desafiantes, cuando vea que necesita aprender otro tipo de temáticas (otros idiomas, otras técnicas o asignaturas), por ejemplo.

 

Un alumno empoderado podrá cambiar y moldearse a sí mismo para lograr los resultados que desee, así como generar alianzas y esfuerzos que apunten a mejorar su entorno educativo.

 

En resumen, en este nuevo paradigma no hay excusas. Si nos hacemos responsables podremos cambiar cualquier situación que consideremos negativa, mejorable o limitante. Como líderes debemos dar el primer paso y estar abiertos a debatir y generar acuerdos con nuestra comunidad.

 

En las próximas columnas ahondaré en los otros principios y en cómo los podemos llevar a la práctica en nuestra comunidad educativa, para lograr una formación de calidad para todos.

 

Esteban Álvarez

Vicepresidente Ejecutivo Emprendejoven