Construyendo entornos de aprendizaje

Esta columna está dirigida a quienes tienen roles de liderazgo en instituciones educativas (directivos, docentes/coachs y apoderados), quienes tienen el desafío de ser congruentes en su vida y su trabajo, para lograr que los estudiantes tengan buenos referentes y aprendan valores, principios, habilidades y competencias en cualquier área.

 

La formación integral que se requiere para el siglo XXI, no es la que tuvimos en los dos siglos anteriores. La educación había surgido, por un lado, para formar a una élite que supiera dirigir y, por otro lado, preparar al pueblo para que supiera obedecer órdenes, mantenerse en los márgenes que definía el Estado y tener fuerza física, con el objetivo de ser útiles para las fábricas o la extracción de materias primas.

 

Hoy en día el desafío es educar de tal manera que la persona se pueda desenvolver a nivel personal y profesional en un mundo globalizado, donde existen desafíos de competitividad, escasez de los recursos, surgimiento de nuevas tecnologías y automatización. A la vez, la calidad de vida y las relaciones humanas son cada vez más prioritarias.

 

Para estar a la altura del siglo XXI es fundamental potenciar la creatividad,  el pensamiento crítico, el autocontrol, la resiliencia y la empatía, junto con la pasión por descubrirse, especializarse y poder trabajar en algo vinculado a las pasiones que nos mueven.

 

Nuestra sala de clases necesita estar basada en nuevos principios de diseño que favorezcan una formación integral y sienten las bases para el aprendizaje y crecimiento continuo necesario para esta nueva etapa global que vivimos.

 

Dado lo anterior, a continuación les presento los más importantes principios que tienen que estar en la sala de clases de acuerdo a nuestros estudios, nuestra experiencia y a la recopilación que hemos realizado junto a expertos en los desafíos de este siglo en neurociencia. Sumo también los principales beneficios y aportes que generan estos principios en los estudiantes:

 

1.     Somos responsables de lo que nos ocurre: esto permite que sea el mismo estudiante quien lidere su aprendizaje y su formación, con una mirada que lo empodera y le ayuda a tener buenos resultados.

2.     Tenemos Neuroplasticidad en todos los ciclos de la vida: esta convicción permite que todo estudiante confíe en su potencial y que no sea afectado por expectativas negativas de otros. Así también podrá mantenerse tranquilo y optimista en el proceso de aprendizaje.

3.     Emociones positivas y de alto nivel energético favorecen el aprendizaje: los alumnos podrán disfrutar el espacio de aprendizaje, a la vez que verán el aprender como algo que les motiva y apasiona.

4.     El error es una oportunidad de crecimiento: con esto podrán perder el miedo a equivocarse, lo cual les permitirá tener una actitud de descubrimiento, reflexionarán de manera positiva en torno a sus errores e intentos y se convertirán en experto del descubrir y aprender.

5.     Tener un propósito nos permite enfocar nuestros esfuerzos: el alumno podrá comprender el propósito de por qué estudiar, por qué adentrarse una temática antes que en otra y qué es lo que lo mueve en la vida, lo que le permitirá motivarse por aprender lo que necesita.

6.     El poder de la fijación de metas maximiza el logro de resultados: un estudiante que conoce la importancia de fijarse metas y las técnicas que permiten maximizar el alcance de las mismas, aprenderá a trabajar individualmente y en equipo con un rumbo claro que podrán alcanzar.

7.     A mayor acción mayor efecto: todo resultado se debe a la cantidad de esfuerzo y dedicación que se desarrolló, esta es la base para tener personas que crecen a lo largo de toda su vida.

8.     Las otras personas me quieren ayudar: es clave tener confianza en uno mismo, junto con confianza en los demás. Cuando creo que los demás me quieren ayudar, me acercaré a pedir su ayuda y no los veré como mis rivales, sino como mis amigos y socios.

 

Ahora bien, como muchas veces se nos ha dicho –o nosotros mismos lo hemos dicho- es fundamental enseñar con el ejemplo y no solo con palabras, esta regla de oro también aplica para estos principios. Por lo tanto, no basta con que estos principios estén en la sala, deben estar en las vidas y en el trabajo de quienes lideran en una institución educativa, es decir, directivos y docentes.

 

Tenemos que ser conscientes de que la institución siempre llegará a un punto de equilibrio de máxima congruencia, esto corresponde a que si el director/a aplica uno de estos principios, por ejemplo el hacerse responsable, recién en ese momento se facilita la posibilidad de que el equipo directivo también lo haga. Luego lo harán  los docentes y finalmente, los estudiantes.

 

Esteban Álvarez,

Vicepresidente Ejecutivo Emprendejoven